Madre nuestra

Madre nuestra que estás en la tierra,


santificado sea tu Nombre;

Gracias por sostenernos en tu Reino;

honramos tu voluntad

manifestada aquí, en la tierra.

Te agradecemos, Madre, nuestro pan de cada día;

Gracias por perdonarnos

y enseñarnos a perdonar a las personas que nos ofenden;

Agradecemos tu protección,

al liberarnos del desenraízamiento.

Hecho está.

Afirmaciones asertivas

Me trato con respeto y dignidad y, las demás personas también lo hacen.

Tengo y expreso mis propias opiniones.

Pido información y aclaraciones cuando las necesito.

Me detengo y pienso antes de actuar.

Experimento y expreso mis sentimientos sin juzgarme.

Digo «no» sin sentir culpa.

Pido lo que quiero.

Mis necesidades son mi prioridad.

Me comporto satisfaciendo mis propios intereses y no satisfaciendo las necesidades y expectativas de otras personas.

No me anticipo a los deseos y necesidades de las demás personas y tampoco tengo que intuirlos.

Protesto cuando se me trata injustamente.

Siento y expreso el dolor.

No estoy pendiente de la buena voluntad de las demás personas.

Elijo entre responder o no hacerlo.

Cambio de opinión y de forma de actuar cuando me parece a mí.

No me justifico ante las demás personas.

Cometo errores.

Hago menos de lo que soy capaz de hacer y no pasa nada.

Yo decido qué hacer con mis propiedades, mi cuerpo y mi tiempo.

Gozo y disfruto.

Yo decido cuando descansar y/o aislarme.

Tengo éxito y me supero, aun superando a las demás personas.

Mensaje a las artistas

A todas vosotras, artistas, que estáis prendadas de la belleza y que trabajáis por ella; poetisas y gentes de letras, pintoras, escultoras, arquitectas, músicas, mujeres de teatro y cineastas…

Este mundo en que vivimos tiene necesidad de la belleza para no caer en la desesperanza. La belleza, como la verdad, es quien pone alegría en el corazón de las mujeres; es el fruto precioso que resiste la usura del tiempo, que une las generaciones y las hace comunicarse en la admiración. Y todo ello por vuestras manos.

No rehuséis poner vuestro talento al servicio de la verdad divina.Vosotras habéis ayudado a traducir su divino mensaje en la lengua de las formas y las figuras, convirtiendo en visible el mundo invisible.

Que estas manos sean puras y desinteresadas. Recordad que sois las guardianas de la belleza en el mundo, que esto baste para libertaros de placeres efímeros y sin verdadero valor, para libraros de la búsqueda de expresiones extrañas o desagradables.

Texto inspirado en el Mensaje a los artistas de Pablo VI Clausura del Concilio Ecuménico Vaticano II